martes, 2 de mayo de 2017

Historias del Mar de la Luna #1 (2 Ciclo)




Faerun, un mundo en donde todo es posible, donde las gestas más heroicas se realizan al igual que los actos más profundos y ominosos, donde el más letal de los asesino puede albergar un rayo de luz y los sacerdotes más puros pueden caer en la tentación de los dioses más ignotos y letales.
La gran balanza siempre ejerce ambas fuerzas, una no existe sin la otra. Aunque mayormente esta instrumento de equidad está lleno de pequeñas acciones que se multiplican por todo el plano material de dicho mundo.


          En esta ocasión, la gran balanza se centra en una húmeda ciudad llamada Mélvont, una ciudad bien conocida por sus puertos, sus industriales negras nubes, su recio clima, donde la niebla es uno más junto con la población, la cual es conocida por su carácter en donde el pescado fresco es la más cálida bienvenida que un viajero podrá encontrar.

          Esta historia se centra en uno de esos pequeños gestos que caen en el mar del anonimato. Tres anónimos aventureros llegaron a la ciudad de Mélvont, el frío inmisericorde mordía cada parte de la piel al descubierto, al igual que hacían sus armaduras al contacto con la piel, la niebla no permitía ver más allá de dos calles, la nieve mezclada con la suciedad del suelo se contaba a montones, los aventureros decidieron entrar en la taberna más cercana para esguarecerse ante tal bienvenida.

          Al cruzar el umbral, los parroquianos giraron sus hoscas miradas, algunas incluso sus cabezas para ver tal trío de desconocidos, bajo las capas de pieles se distinguía el brillo de las armaduras, símbolos divinos y alguna que otra arma oculta bajo la capa.
-Hace un frío de mil demonios, joder. Dijo uno de ellos, el cual llevaba armadura de cuero bajo las capas de pieles y nieve. -Esto por lo menos tiene que ser el culo de Auril... -Susurró un segundo una queja para que no fuera escuchada por los parroquianos -Eso, dilo más alto para que todos reciban tu cálidad bienvenida. -Respondió casi al instante el tercero que cruzaba tras él. -Ten un respeto ante los dioses si no quieres tener más problemas. -terminó de hablar con cierto tono autoritario. -A no ser que quieras ser el nuevo muñeco de nieve fetiche de Auril. Apostilló un tercero socarronamente que a cada paso que daba se escuchaba el rítmico tintineo de la cadena su maza.

          Después de beber y antes de que el calor de la taberna fuera asfixiante, un tipo extraño se les acercó mientras silbaba un tipo de melodía, no medía más de metro y medio, pero eso estaba en un subterfugio de impresiones debido a que su personalidad se podía sentir proyectada a través de toda la taberna, Si la confianza en uno mismo tuviera una mirada, sería la de él, sus ojos desprendían un azul que denotaban inteligencia a juego con su pelo rubio y ropajes de gran calidad.

-Buenas, se les saluda a todos menos a uno, que soy yo. Os he estado observando desde que pusisteis pie en la ciudad, no sois como la sórdida masa que pulula por esta ciudad, vosotros denotáis que lo habéis pasado mal, no lo digo yo, sino vuestras cicatrices, que es como si fueran bocas selladas que hablan entre susurros sobre como nacieron bajo el tajo de una hacha. Seré concreto, soy un sencillo mercader que cuando ve cosas que le incomoda no puede retener una sensación de rechazo, pero mi labor ata mis manos y no puedo ejecutar aquello que aspiro. Así que me encuentro con mi única posibilidad de buscar a alguien, no un cualquiera, claramente, que pueda desempeñar aquello que aspiro... 

          El grupo de tres se miraron los unos a los otros bastante consternados. No se podía decir que los había impresionado más, si el monólogo o su apariencia. el que llevaba la armadura de cuero bajo las capas de pieles fue el primero en responder. 

-Menuda forma de darle a la sin hueso, así que quieres que nos ensuciemos las manos para que tú no te veas envuelto...

Aclaro en un tono tajante.

-Exactamente, mi buen señor. De hacerlo me vería en graves problemas. 

respondió con tono alegre.

-No sabemos quien es, no conocemos el lugar y menos aún sus intenciones, ¿qué le hace pensar que aceptaremos de tan buen grado?, por muy bien que suenen sus palabras no dejan de ser palabras.
Intercedió que llevaba la maza tintineante.

-Las presentaciones no son necesarias, tengo una buena bolsa de puro oro como para que aceptéis de muy buen grado. Además del incentivo de la tan noble finalidad como la de aclarar las sospechas sobre una trata de esclavos que ronda por una taberna y liberarlos de ser así.

Sentenció el mediano con tono tranquilo y confiado.

          El ambiente de la taberna estaba ya bastante agitado, los borrachos cantaban canciones incoherentes bajo el ritmo de alguna que otra caída o vajilla rota. Empezaba a hacer mucha calor ahí.

-Entonces, a ver que me quede claro. -Interrumpió el tipo que entró en segundo lugar a la taberna y que ahora sufría un poco el calor del recinto. -Quieres que entremos en una taberna para meter las narices sobre una trata de esclavos, sin saber cuántos son, de lo que disponen contra nosotros y con expectativas de salir mal parados.

-Así es, obviamente sé que no saldréis tan mal parados, algún que otro corte, sí, pero poco más. Acudo a vosotros porque encajáis bien en lo que busco... además, ¿qué otra cosa ibais a hacer aquí? Dispongo de las herramientas suficientes como para convenceros...
Declaró el mediano con el mismo tono tranquilo como de alguien que lo tiene todo bajo control.

          El grupo se volvió a mirar entre ellos, el mediano tenía razón, todo parecía como si él hubiera orquestado todo esto desde antes y supiera las respuestas de antemano. Eso y estaban justos de dinero como para comprar una buena comida y hospedaje.  

-Danos detalles de lo que quieres que hagamos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario